Reflexiones sobre el confinamiento y sus efectos psicológicos en los niños

By Juan Carlos López - 19:15


En estos meses en los que estamos viviendo una circunstancia atípica con el confinamiento, los niños, en líneas generales, por lo que estamos detectando del contacto con las familias, están sabiendo sobrellevar la situación mucho mejor de lo que se vaticinaba en algunos medios y redes sociales, fruto del esfuerzo por parte de las madres y padres de proteger a sus hijos y dar la mayor normalidad a la situación. Afortunadamente, en la Región de Murcia, la pandemia está golpeando con mucha menor virulencia que en otros lugares de España, aunque también se están dando situaciones difíciles, tanto de salud como económicas, y no podemos relajarnos y bajar la guardia.

Durante las primeras semanas del confinamiento, se ha podido vivir la situación como algo novedoso, haciéndose numerosos esfuerzos para contrarrestar la situación, forzándonos a mantenernos ocupados, alegres, con un frenesí de acciones con las que evadirnos y protegernos del desánimo, como canciones que se han convertido en himnos, rituales como los aplausos de las ocho de la tarde, videollamadas a familiares y amigos, cocinar nuevas recetas hasta el infinito, hacer algo de ejercicio en casa, ver series hasta agotarlas, e inevitablemente, supervisar las tareas escolares de los hijos, con la dificultad para los padres de compaginarlo con el teletrabajo, las tareas del hogar, etc. Somos conscientes de ello porque a nosotros nos pasa igual.

Con el alargamiento indefinido del estado de alerta y el confinamiento, se nos pueden ir acabando las ideas de cómo estructurar el tiempo, qué actividades novedosas podemos llevar a cabo, mezclado con cierto agotamiento por la situación. La novedad ya se ha acabado y forzar la continua sonrisa puede costar un poquito más. Esto es una carrera de fondo, y con el paso de las semanas, el cansancio y la incertidumbre económica, en algunos casos, nos va a poner a prueba a más de uno. El que se hayan podido relajar las medidas de confinamiento nos supone un alivio en el mejor momento. Nos hacía falta a todos, aunque conlleve riesgos. A pesar de este alivio, continuamos con una situación que puede desesperar y generar inquietud, ya que seguimos con la incertidumbre de cuánto tiempo va a durar esto, y en qué condiciones (salud de la población general, que es lo más importante, y consecuencias del parón económico).

Como comentábamos anteriormente, en los medios de comunicación y redes sociales, especialmente en las últimas semanas, nos bombardean con noticias y afirmaciones rotundas sobre las consecuencias devastadoras que puede ocasionar a nivel psicológico la pandemia, pudiendo dar lugar a otra pandemia de trastornos psicológicos de dimensiones nunca vistas. Se afirma con una seguridad aplastante, que aumentarán los casos de estrés postraumático, los niveles de ansiedad y depresión, los duelos patológicos, los trastornos obsesivo-compulsivos, el consumo abusivo de alcohol y drogas, suicidios y un larguísimo etcétera. Incluso se sacan de la manga un supuesto síndrome de la cabaña que, la práctica totalidad de los psicólogos y psiquiatras, estoy convencido no habíamos oído en nuestra vida (algunos ya se han apuntado a la moda como era de esperar). 

En los últimos años, se han dado otros confinamientos en el mundo, más localizados geográficamente (Liberia, Canadá, Australia, Corea del Sur, Taiwan, Senegal,...), y duración menor, causados por otros patógenos infecciosos como el SARS, ébola, peste equina, N1H1, y se han realizado estudios sobre los efectos psicológicos de los mismos, así como de las medidas preventivas más efectivas que se pueden aplicar (Brooks et al., 2020). En ellos se habla también de un impacto psicológico con aumento de niveles de ansiedad, estrés, insomnio, irritabilidad, dificultades de concentración, bajo rendimiento, bajo estado de ánimo, etc. Los más expuestos, sin duda, van a ser los profesionales sanitarios que han sufrido el colapso del sistema y han vivido situaciones muy duras emocionalmente (Gardner y Moallef, 2015; Lee et al., 2018). También hay estudios que afirman aumentos en sentimientos positivos, felicidad y alivio (Reynolds et al., 2008). En relación a niños y adolescentes, los estudios son mucho más escasos (al menos que yo haya encontrado), y con muestras pequeñas, no remitiendo diferencias significativas en problemas de salud mental o estrés postraumático comparando poblaciones de niños y adolescentes que no han estado bajo confinamiento con otros que si lo han estado. Esto lo atribuyen a que los niños, a diferencia de los adultos, no sufren las responsabilidades que conlleva el sustento familiar y tener que responder en el trabajo (Wang et al. 2011). En las últimas semanas, han ido surgiendo algunos estudios, en España también, que afirman la presencia de problemas de conducta, ansiedad y depresión en la practica totalidad de la población infantil; pero, bajo mi punto de vista, veo un poco prematuro hacer ciertas conclusiones.

Ante estas afirmaciones queremos puntualizar algunas cosas (son opiniones personales y, lógicamente, podéis no estar de acuerdo):

  • Aunque, como hemos visto, hay estudios sobre los efectos psicológicos del confinamiento, y experiencias anteriores recientes de confinamiento, estamos ante una situación, en cuanto a duración y extensión geográfica, desconocida para nuestra generación, por lo que hacer afirmaciones rotundas sobre los efectos de esta pandemia me parecen aventurados y especulativos, y habrá que ver con el paso del tiempo si se cumplen esos augurios o no.
  • El impacto psicológico del COVID19 y el aumento en el número de afectados va a ser evidente; pero conviene enfatizar que una amplia mayoría de la población, no sufrirá trastornos psicológicos por ello (Taylor, 2019).
  • No existen un número de estudios suficiente en población infantojuvenil como para realizar ciertas afirmaciones anticipatorias.
  • Alarmar y saturar los medios y redes sociales de consecuencias psicológicas masivas y catastróficas, algunas de ellas alentadas por profesionales de la salud mental, pueden producir contagio emocional y una profecía autocumplida que provoquen innecesariamente un aumento e intensidad de reacciones psicológicas desagradables.
  • No hay que patologizar reacciones emocionales normales ante las situaciones de estrés que puede conllevar la pandemia. La inestabilidad emocional, la ansiedad, estados de ánimo bajo, la irritabilidad, etc., son respuestas emocionales desagradables normales, que todos experimentamos y que no deben ser tomadas a priori como negativas o patológicas.
  • Habrá que tener en cuenta factores de riesgo y de protección, para valorar las reacciones psicológicas y la intensidad de las mismas, para considerarlas como normales o patológicas. Así habrá que tener en consideración aspectos como:
    • Factores socioeconómicos: espacio físico del domicilio, recursos materiales y económicos, situación laboral de los adultos cuidadores.
    • Factores familiares: profesiones de riesgo; ingresos hospitalarios, muertes y cuarentenas dentro o fuera del hogar; estructuración familiar (ej.: divorcios), conflictos o situaciones anteriores que se puedan acentuar (ej.: malos tratos); personas mayores o enfermas dentro del hogar, soledad, ser hijo único, dificultades de conciliación con el teletrabajo, etc.
    • Factores personales: edad de los niños, temperamento o personalidad, fortaleza psicológica ante las dificultades y la frustración; y cómo ha podido influir el entorno en el desarrollo de estos rasgos, como los estilos educativos de los padres (autoritario, sobreprotector o negligente); estilos de afrontamiento, si han transmitido modelos resilientes o tendentes a la ansiedad y la depresión; personalidades más extrovertidas o introvertidas, impulsivas o autocontroladas; entornos más rutinarios y previsibles o desestructurados y caóticos.
    • Factores de historia previa: que los niños padezcan trastornos psicológicos o del desarrollo previos que puedan hacer más difícil el confinamiento en determinados momentos, así como no poder recibir sus tratamientos; experiencias estresantes previas en la familia (ej.: duelos previos), que puedan haber generado recursos de afrontamiento de las dificultades o, al contrario, haberles debilitado y hacerles sentir indefensos y sin habilidades para superarlas.
  • El desborde de los servicios públicos de Salud Mental no puede servir como referente para medir las consecuencias catastróficas en la población, ya que dicho sistema sufre históricamente de una estructura raquítica y de escasos recursos humanos, como también ha ocurrido en China. Por tanto, el desborde de los servicios de salud mental de China tampoco pueden servir como referente.
  • Hay que ser muy prudente con los estudios que se están llevando a cabo durante la actual pandemia, realizados mediante cuestionarios por Google Forms, y las posibles variables no controladas que supone ello (tipo de preguntas que pueden inducir ciertas respuestas, control y representatividad de las muestras de las personas que contestan dichos cuestionarios, etc.), y de las conclusiones a las que hacen referencia. En éste punto quizá esté equivocado porque no soy experto en metodología; pero me pregunto si no habrá mayor tendencia a contestarlos por aquellos que sí padecen síntomas (o sus hijos) y, por contra, no se molestan en contestarlos los que no tienen hijos que presenten problemas psicológicos o de conducta. Además, en algunos de los ítems de dichos cuestionarios, no existe ninguna opción en la que puedas indicar que tu hijo no presenta ningún síntoma, permitiéndote, como mucho, poner que lo tiene en un pequeño grado. Por no hablar del bombardeo a cuestionarios que está habiendo estos días (Espada et al., 2020)

Por último, también me plantea alguna reflexión la vuelta de los niños a los centro escolares. Se ha propuesto una vuelta escalonada y por turnos de los niños a la escuela empujados por la imposibilidad de conciliar la vida laboral y la familiar. Por una parte, en el presente curso, se plantea la próxima vuelta a las aulas de los alumnos de Educación Infantil, y de los alumnos de los últimos cursos de las etapas educativas de Secundaria (4º ESO, 2º Bachillerato, 2ª de Ciclos Formativos de Formación Profesional), lo que me platea una cuestión ¿Qué hacen los docentes de estos cursos que tienen hijos entre 1º de Primaria y 3º de la ESO? ¿No pensarán que los dejen con los abuelos, no? Y ¿con los alumnos de infantil se va a poder llevar a cabo un distanciamiento de seguridad? Ya les contesto yo que no (y todo el que trabaje con niños). Por otra parte, se propone que para septiembre se organicen turnos en los que la mitad de una clase asisten al centro, y la otra mitad se quedan en casa viendo las clases por videoconferencia. Pues planteo el mismo problema de antes. Los docentes que tenemos hijos en edad escolar estamos habituados a que pasen horas y horas en el centro esperando a que sus padres terminemos por las tardes (igual que ahora que no podemos soltar el ordenador en todo el día); pero en esta ocasión no podemos poner a nuestros hijos y nuestros padres en riesgo. Y por otro lado, ¿los centros de trabajo piensan hacer un esfuerzo de flexibilización de horarios, o todo el esfuerzo lo tenemos que hacer los colegios? La conciliación familiar consiste en que los padres puedan pasar más tiempo con sus familias, no para que puedan pasar más tiempo en el lugar de trabajo, aparcando a los niños en el colegio.

Estas son algunas de las reflexiones que me genera esta situación de confinamiento y las posibles consecuencias de todo ello en los niños y adolescentes. Un factor importante para determinar hasta dónde llegarán los efectos psicológicos será el tiempo que debamos estar confinados total o parcialmente, hasta cuando nos veremos obligados a medidas de distanciamiento y protección, y cuándo podremos regresar a la libertad de movimientos que teníamos antes. Igualmente, habrá que ver las consecuencias sociales de la crisis económica que ya se nos viene encima, que también nos va a poner a prueba. Lo que no podemos es anunciar, al menos con la rotundidad con la que lo hacen algunos, las consecuencias psicológicas catastróficas y generalizadas que se nos vienen encima, porque no podemos adivinar el futuro, debiendo ser más comedidos en lo que decimos.

Ojalá los investigadores logren pronto tratamientos para evitar la muerte a los infectados por COVID19, o consigan la vacuna en un tiempo record. Que vayan preparando el Premio Nobel para el que lo logre.


Referencias bibliográficas

  • Brooks, S.K.; Webster, R.K.; Smith, L.E.; Woodland, L.; Wessely, S.; Greenberg, N.; Rubin, G.J. (2020). The psychological impact of quarantine and how to reduce it: rapid review of evidence. The Lancet, 395, pp. 912-920. [+]
  • Espada, J.P.; Orgilés, M.; Piqueras, J.A.; Morales, A. (2020) Las buenas prácticas en la atención psicológica infanto-juvenil ante el COVID19. Clínica y Salud. Avance online. [+]
  • Gardner, P.J.; Moullet, P. (2015) Psychological impact on SARS survivors: Critical review of the English lenguage literature. Canadian Psychology, 56 (1), 123-135. [+]
  • Inchausti, F.; García-Póveda, N.V.; Prado-Abril, J.; Sánchez-Reales, S. (2020) La Psicología Clínica ante la pandemia COVID19 en España. Clínica y Salud. Avance online [+]
  • Lee, S.M.; Kang, W.S.; Cho, A.R.; Kim, T.; Park, J.K. (2018) Psychological impact of the 2015 MERS outbreak on hospital workers and quarantined hemodialysis patients. Comprehensive Psychiatry, 87, 123-127. 
  • Reynolds, D.L.; Garay, J.R.; Deamond, S.L.; Moran, M.K.; Gold, W.; Styra, R. (2008) Understanding compliance and psychological impact of the SARS qurantine experience. [+]
  • Taylor, S. (2019) The psychology of pandemics. Preparing for the next global outbreak of infection desease. Cambridge Scholar Publishing. [+]
  • Wang, Y.; Xu, B.; Zhao, G.; Cao, R.; He, X.; Fu, S. (2011) Is quarantine related to inmediate negative psychological consequences during the 2009 H1N1 epidemic? General Hospital Psychiatry, 33, 75-77. [+]

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