Fueron los celos... infantiles

By Juan Carlos López - 19:21




El extraordinario libro de Miguel Delibes "El príncipe destronado" (Editorial Austral), cuenta las peripecias de Quico, un niño de casi cuatro años, muy activo, fantasioso, miedoso y preguntón, quinto hijo de una familia numerosa bien posicionada de la España de los años sesenta que, ante la llegada de una hermanita, se muestra muy irascible, en las comidas molesta y va lento, se hace pis encima, hace trastadas sin parar, y tiene unos prontos sorprendentes en los que copia expresiones malsonante de los adultos, entre los cuáles se hizo popular su <<¡Mierda, cagao, culo,...!>>. El libro refleja de forma formidable lo que se llamaba popularmente "síndrome del príncipe destronado", según el cual el niño siente celos por verse desplazado ante la llegada de un hermanito.

¿Qué son los celos?

Los celos (del latín zelus, -i: envidia) se pueden definir como un sentimiento provocado por el temor a que la persona amada prefiera a otra, como un miedo a perder o ver reducidos el cariño y la atención de alguien querido.

Por su parte, y centrándonos en los niños, los celos infantiles son una reacción normal y temporal que sirve para que el niño se adapte al nacimiento de un hermano, y que conlleva un conjunto de alteraciones emocionales y conductuales en respuesta al cambio en la estructura y la dinámica familiar existentes hasta ese momento. La amenaza de pérdida puede ser real o imaginaria. La relación que se ve amenazada es la que tiene el niño con sus padres, perdiendo las atenciones y privilegios exclusivos que disfrutaba. El niño no sabe cómo afrontar la nueva situación porque no la entiende, generándole estrés y sufrimiento. Un sufrimiento que es real, pudiendo resistirse muy activamente por no perder las atenciones y privilegios. 

Además, si el niño tiene sobre los 3-5 años, se puede solapar con el inicio del negativismo y las rabietas, el establecimiento de límites que antes no tenía, la activación propia del mayor manejo del cuerpo y su uso para explorar el entorno, el aprendizaje del control del pipí, aprender a hacer algunas cosas sólo, los primeros años escolares, unido al agotamiento de los padres propio de un nuevo nacimiento y el cuidado del bebé.

Los celos infantiles son normales, positivos y constructivos. Casi todos, por no decir todos, muestran, de un modo u otro, algún tipo de reacción ante la llegada un hermano menor. Se estima que alrededor del 90% lo padecen. Sin embargo, de mantenerse en el tiempo, en algunos casos puede convertirse en un problema que provoque dificultades de relevancia que alteren la dinámica familiar y que generen dificultades psicológicas futuras en el niño.


Factores que predisponen a presentar celos

Algunos de los factores que hacen más probable la aparición de los celos infantiles son los siguientes:

  • Edad: Existe una mayor posibilidad de aparecer cuando el niño es menor de cinco años, especialmente entre los 2 y los 3 años, debido a que aún depende mucho de sus padres.
  • Sexo: Los estudios afirman que no hay mayores respuestas de celos en niños que en niñas. Sin embargo, por puro aprendizaje social, las niñas suelen mostrar menos niveles de celos, debido a que se les expone en mayor medida al cuidado (ej.: muñecos). También se observa un mayor nivel de celos cuando el hermano pequeño es del mismo sexo.
  • Diferencia de años entre los hermanos: Se incrementa cuando la diferencia entre los hermanos es menor de tres años ya que las necesidades se asemejan más. Si la diferencia de edad es mayor no suelen darse los celos, ya que las necesidades son distintas y el niño tiene mayor autonomía.
  • Composición familiar: La estructura familiar ha cambiado mucho. Se tienen menos hijos, casi desapareciendo la figura del mediano, hay mayor índice de divorcios, madres solteras, familias reconstituidas, hogares con menos habitaciones,... Los hijos reciben más atenciones y son el centro de la dinámica familiar, no como antes, que debían adaptarse al ritmo de los adultos, convivir con más hermanos, y se podían sentir desplazados. Si, por alguna circunstancia, el padre o la madre está menos presente, la rivalidad por la fuente de atención puede acentuarse. En los casos de divorcio, rivalizar por esas atenciones, especialmente la del padre/madre no custodio, puede provocar celos por el hermano pequeño, ya que es tiempo que se dedica más momentos de ocio que a poner límites y normas, que lo lleva a cabo en mayor medida quien tiene la custodia (generalmente la madre). Por otro lado, pueden darse celos más intensos en el caso de los primogénitos, que han vivido la exclusividad de las atenciones, que ser el segundo o sucesivos, que ya saben lo que es compartir atenciones desde el principio.
  • Temperamento del niño: los niños muy dependientes de su madre, con poca confianza en sí mismos, o bien muy difíciles, irritables, con baja tolerancia a la frustración, pueden sentir más celos ante la llegada del hermano.
  • Calidad de la relación con los padres previa al hermanito: Si la relación entre padres e hijos ya era difícil, de lucha constante, prohibiciones, broncas y castigos, es más probable que el niño se muestre más irritable ante la llegada de un hermano.


Conductas de los niños celosos

No se puede afirmar que los celos se manifiesten en todos los niños de la misma manera; pero las conductas más habituales que se dan como consecuencia de ello son las siguientes:

  • Cambios en el comportamiento: desobediencia, negativismo, oposicionismo, llanto, rabietas, demanda constante de atención, preguntas constantes sobre si lo quieren, aislarse y no comunicarse, querer parecerse a un bebé, o cuidar y querer mucho a su hermano para parecerse a sus padres,...
  • Conductas regresivas: emitir conductas propias de etapas anteriores del desarrollo que ya se daban por superadas, como orinarse en la cama o encima, usar un lenguaje más infantil, pedir otra vez el chupete, el pañal o el biberón, hacer que no sabe hacer cosas que ya sabía hacer sólo (dormirse, comer, vestirse,...), no querer ir al colegio para que la madre no se quede sola con su hermano, etc.
  • Somatizaciones: dolor de barriga o de cabeza, insomnio, pesadillas, falta de apetito, cansancio,...
  • Rivalidad: verbalizaciones y acciones de envidia y resentimiento hacia el hermano, incluso agresividad y rechazo. 


Cuando los celos infantiles se convierten en un problema

Como hemos dicho, los celos infantiles son algo normal y transitorio en la inmensa mayoría de las ocasiones. Sin embargo, si se mantienen en el tiempo y no se gestiona la situación de manera apropiada, pueden provocar un estancamiento o retroceso en algunos aspectos del desarrollo, incluso dar lugar a problemáticas psicológicas de mayor importancia, que pueden llegar incluso a la adolescencia y la vida adulta (comparaciones con los demás por falta de autoconfianza). 

Se puede decir que los celos son problemáticos cuando se dan las siguientes circunstancias:

  • Más allá de los seis años de edad.
  • Interfiere en las actividades de la vida diaria y en la dinámica familiar.
  • Reacciones emocionales desproporcionadas e injustificadas.
  • Aparecen algunos de los problemas siguientes:


Hermanos con necesidades especiales

Cuando un niño tiene un hermano con alguna discapacidad física o cognitiva, o padece alguna enfermedad crónica, tiene que convivir con que su hermano reciba mayor número de atenciones que él, además de que se le solicite ayuda en el cuidado de éste. Estas relaciones pueden tener circunstancias positivas y negativas. Por una parte, se despierta el fortalecimiento del carácter, madurez, empatía, responsabilidad; mientras que por otra pueden existir celos, frustración por no poder acudir a ciertos actos familiares o sociales, responsabilidades prematuras que sobrepasen al niño, aislamiento al sentirse en un segundo plano y desatendido, o de culpa por considerar que no tienen derecho a quejarse por nada, ya que su hermano está en peor situación que él.


Algunos consejos preventivos

Debiendo tener en cuenta la particularidad de cada caso, se pueden tener en cuenta una serie de recomendaciones generales que pueden prevenir que los celos infantiles se conviertan en un problema mayor.

    Antes del nacimiento:

    • Evitar una actitud de preocupación ante los celos, pues son normales y son un medio de crecimiento y maduración de nuestros hijos.
    • Tenga presente que distanciar el nacimiento de los hermanos entre dos y tres años puede evitar la aparición de los celos o que sean más leves.
    • Dar explicaciones al niño sobre el embarazo, que escuche los latidos, note las patadas, leer algún libro adaptado a su edad sobre la llegada de un hermanito.
    • Si hay que cambiar al niño de habitación hacerlo con antelación, para que no asocie la llegada del hermano con el cambio.
    • Mantener las rutinas del niño, especialmente si tiene que irse a casa de los abuelos unos días.
    • Reforzar todas las conductas positivas que tenga el niño hacia el embarazo de su madre.
    Tras el parto:
    • Si el hospital lo permite, visitar todos los días a la madre y al bebé. Si no se puede hacer videollamadas diarias.
    • Darle un regalo al hermano mayor que sea especial a la llegada del pequeño a casa, diciéndole que el regalo es de su hermano.
    • La primera vez que el niño vea a su hermanito procurar que no lo lleve la madre en brazos, y tenga la oportunidad de acariciarlo.

    La vida diaria con los niños:

    • Dedicar tiempo exclusivo, sin interrupciones, tranquilo y de calidad al hermano mayor, en el que tenga oportunidad de satisfacer sus necesidades emocionales.
    • Pasar tiempo con los dos niños juntos que, igualmente, sea tranquilo y de calidad.
    • Reforzar los comportamientos adecuados de gestos de cariño, cuidado, cooperación, etc.
    • Ignorar las conductas de celos. No hagas caso a sus llamadas de atención.
    • Evitar las comparaciones entre los hermanos, ya que promueve la rivalidad.
    • Dar mucho énfasis a las ventajas de ser mayor

    Estas consejos son meras orientaciones preventivas, no una intervención psicológica. En caso de que los celos se conviertan en un problema, póngase en contacto con nosotros, o acuda a otro psicólogo infantil especializado, que base sus intervenciones en la evidencia científica disponible a día de hoy. No acuda a pseudoprofesionales, que no tienen preparación ni están habilitados legalmente para ello, y evite las pseudoterapias, que puedan aparentar ser psicología; pero no lo son. Tenga cuidado también con los libros que hay en la sección de psicología de las librerías, ya que buena parte de ellos no son de psicología de verdad, aunque pueda parecerlo.


    Para saber más y mejor:

    • Delibes, M. (1973) El príncipe destronado. Barcelona: Ariel.
    • Hidalgo, E. (2010). Los celos infantiles. Revista Digital Enfoques Educativos, 55, 168-177.
    • Ortigosa, J.M. (2007) El niño celoso. Madrid: Pirámide.
    • Ortigosa, J.M (2008) Mi hijo tiene celos. Madrid: Pirámide.
    • Pereda-López, M.A. (2016) Intervención cognitivo-conductual en un caso de celos infantiles. Revista de Psicología Clínica del Niño y del Adolescente, 3, 1, pp. 53-58.
    • Rosa, A.I.; Olivares, J.; Sánchez, R. (2011) Tratamiento psicológico de un caso de celos infantiles. En F.X. Méndez, J.P. Espada; M. Orgilés. Terapia psicológica con niños y adolescentes. Estudio de casos clínicos. Madrid: Pirámide.




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